Hay bienes intangibles que no nos
pertenecen,
Efímeros momentos que ocurren y se
van
En cuanto están más vivos, más
rápido perecen
Por más que en retenerlos fijemos
nuestro afán.
La dicha, por ejemplo, engañosa y
esquiva
Que se finge perpetúa, sólo es
desolación
Vistiéndose de gala oculta la hiel
nociva
Que vierte a su capricho, carente
de razón.
Y la paz ¿es acaso algo distinto de
un sueño
Que a fuerza de soñarse se antoja
material?
Buscar una utopía es inútil empeño
Por ende todo esfuerzo es riesgoso
y banal.




